miércoles, 29 de abril de 2015

El amor es una necesidad biológica

"Quienes tienen dominio sobre la palabra adecuada
no ofenden a nadie. Y no obstante, dicen la verdad.
Sus palabras son claras pero nunca violentas...
Nunca se dejan humillar, y nunca humillan a nadie"

EL BUDA

El desafío emocional
La madre de María le devuelve el boletín de las notas escolares: "eres una nulidad. Nunca llegarás a nada. Suerte que tengo a tu hermana." La esposa de Juan rompe un plato contra el borde del fregadero: "¡Me vas a escuchar de una vez! ¡Estoy harta de tener que gritar! ¿Cómo puedes ser tan egoísta?". Pocos días después de ser contratado, Eduardo se informa en un departamento de su nueva empresa que no es el suyo. Un compañero de trabajo desconocido se le acerca y le dice: "No sé quien eres, pero aquí no tienes nada que hacer. Es mi territorio, ¡así que esfúmate!". Por tercera vez en la misma semana, los vecinos de Sofía están de fiesta hasta las tres de la madrugada. A la mañana siguiente, saca la basura a las siete haciendo todo el ruido posible: "Así aprenderán...", murmura por lo bajo.
Nada hace rechinar más los dientes de nuestro cerebro emocional que los conflictos con quienes forman parte de nuestro entorno directo. Tanto si se quiere como si no, los conflictos con nuestros vecinos -que después de todo, no son más que "extraños"- pueden afectarnos tanto como un rechinar de uñas sobre una pizarra.
Por el contrario, se nos deshace el corazón ante el espectáculo de un niño sonriente que toma de la mano a su padre para decirle, mirándole a los ojos: "Te quiero, papá". O ante la anciana en su lecho de muerte que mira a su marido y le confía: "he sido muy feliz contigo. No me arrepiento de nada. Puedo marcharme en paz. Y cuando sientas el viento sobre tu rostro, acuérdate que soy yo, que te estoy abrazando".
Tanto en un caso como en el otro reaccionamos ante la relación afectiva entre seres humanos. Cuando las personas se violentan emocionalmente sufrimos, incluso cuando no somos más que simples testigos. Cuando explican lo que sienten ("te quiero", "he sido feliz", "tenía miedo") y utilizan esa sensación para aproximarse, para tocarse el corazón, nos conmovemos. Los realizadores cinematográficos y los publicitarios cuentan con una intuición perfecta sobre qué nos hace reaccionar en ese sentido. Siempre se intenta que compremos café, por ejemplo, sugiriéndonos que su aroma acerca a los amigos, las parejas o a una madre y a su hija. Hasta tal extremo que incluso los deprimidos declaran haber vertido lágrimas durante los intermedios publicitarios de la televisión. Por lo general no saben por qué. Pero es porque acaban de ser testigos de una escena de afecto entre dos seres, y precisamente ese sentimiento de conexión, de intimidad, es lo que más les falta.
En los últimos 30 años, la tasa de depresión no ha cesado de aumentar en las sociedades occidentales. En el curso de los últimos 10 años, el consumo de antidepresivos se ha doblado en la mayoría de los países occidentales avanzados. Estos datos son tan crudos que la mayoría de nosotros y de nuestras instituciones prefieren no pensar en ello. Seguimos negandolo felizmente y hacemos buenas provisiones de Prozac. Nos decimos a nosotros mismos que algún día todo esto se solucionará. Pero las cosas siguen sin solucionarse. Están empeorando. Si alguien me preguntara donde comenzar para invertir esta tendencia, respondería que debemos confrontar la violencia en las relaciones cotidianas, en las parejas, con nuestros hijos, con nuestros vecinos, en el lugar de trabajo. Debemos volvernos más respetuosos con las necesidades de armonía y comunicación de nuestro cerebro emocional. No hay modo de evitar lo que la evolución nos lleva a querer y a sentir en las relaciones.

La psicología del afecto
Hay toda una parte del cerebro emocional que distingue a los mamíferos de los reptiles. Desde el punto de vista de la evolución, la diferencia esencial radica en que los mamíferos echan al mundo una descendencia vulnerable e incapaz de sobrevivir durante algunos días, semanas o años sin la atención constante de los padres. El caso extremo es la especie humana, cuyos bebés son los más inmaduros y necesitan la inversión parental más larga. La evolución a cableado en nuestro cerebro el instinto que nos hace responder a sus necesidades: alimentarlos, darles calor, acariciarlos, protegerlos, enseñarles como recolectar, cazar, defenderse. Este acoplamiento, construido a fin de asegurar la relación indispensable para la supervivencia de la especie -y sobre todo robusta y eficaz- conforma la base de nuestra profunda capacidad para formar vínculos sociales, para relacionarnos con los demás: familia, horda, tribu, etc.
El cerebro emocional está, pues, construido para emitir y recibir mediante el canal del afecto. Este tipo de comunicación desempeña un papel esencial en la supervivencia del organismo, y no solamente en lo que concierne a la alimentación y el calor. El contacto emocional es, para los mamíferos, una auténtica necesidad biológica, como los alimentos y el oxígeno. Algo que la ciencia ha redescubierto sin saberlo. 

Decirlo todo sin violencia
Se ha conseguido comprender con cierto nivel de detalle sin precedentes lo que ocurre en la cabeza y en el corazón de las personas en conflicto. Y como van derechos a estrellarse de cabeza. Naturalmente, existen todas las razones para creer que se trata de los mismos reflejos, los mismos errores, que minan el control de los conflictos conyugales, con nuestros hijos, padres, familia política y sobretodo con nuestros superiores y nuestros compañeros de oficina. ¿Pero cuales son los principios de la comunicación eficaz, la que consigue hacer llegar el mensaje sin alienar a su destinatario, y que, por el contrario, inspira respeto y le da ganas de ayudarnos? 
El primer principio de la comunicación no violenta es sustituir todo juicio -es decir, toda crítica- por una observación objetiva. Cuanto más preciso y objetivo, más posibilidades existen de que lo que decimos sea interpretado por el otro como una tentativa legítima de comunicación en lugar de una crítica potencial.
El segundo principio es evitar todo juicio respecto del otro para concentrarse totalmente en lo que se siente. Esta es la clave absoluta de la comunicación emocional. Si hablo de lo que siento, nadie puede discutírmelo. Si digo: "llegas tarde, eres tan egoísta como siempre...", el otro no puede más que contestar a lo que digo. Por el contrario, si digo: "habíamos quedado a las ocho y son las ocho y media. Es la segunda vez en un mes; cuando haces eso me siento frustrado e, incluso, humillado", la otra persona no podrá poner en cuestión mis sentimiento, ¡porque me pertenecen por completo! Todo el esfuerzo consiste en describir la situación con frases que empiecen por "yo" en lugar de por "tu" o por "vosotros". Al hablar de mí, y solamente de mí, no estoy criticando a mi interlocutor, no le ataco, sino que estoy en la emoción y, por tanto, en la autenticidad y la apertura. Si soy honrado conmigo mismo, llegaré incluso a mostrarme vulnerable, para mostrarle el daño que me ha hecho. Pero, por lo general, es justamente este candor el que desarmará al adversario y le dará ganas de cooperar, en la medida en que el también desee conservar nuestra relación.


lunes, 6 de abril de 2015

El difícil matrimonio de dos cerebros

"Debemos intentar no convertir al intelecto en nuestro dios;
Es cierto que cuenta con fuertes músculos,
pero carece de personalidad.
No puede dar órdenes; solo servir."
Albert Einstein

Los dos cerebros: cognitivo y emocional
La vida no tiene sentido sin emociones ¿Cual es la sal de la existencia sino el amor, la belleza, la justicia, la verdad, la dignidad, el honor y las gratificaciones que nos aportan? Estos sentimientos y las emociones que los acompañan, son como brújulas que nos guían a cada paso. Siempre intentamos avanzar hacia más amor, más belleza, más justicia y alejarnos de sus contrarios. Privados de las emociones, perdemos nuestras referencias más básicas y somos incapaces de elegir en función de lo que nos importa de verdad.
Algunas enfermedades mentales se traducen en una pérdida de contacto de este tipo. Los pacientes que la sufren podría decirse que se hallan exiliados en una "tierra de nadie" emocional. Por ejemplo, un joven apareció en el servicio de urgencias del hospital oyendo voces que le decían que era ridículo, inútil y que lo mejor que podía hacer era morirse. Poco a poco, las voces se habían convertido en omnipresentes, y su comportamiento se fue volviendo cada vez más extraño. Había dejado de lavarse, se negaba a comer, y podía permanecer enclaustrado en su habitación varios días seguidos. Este joven, anteriormente, había sido un brillante estudiante y capaz de resolver situaciones satisfactoriamente.
Bajo el efecto de los medicamentos, se calmó bastante. Las voces prácticamente desaparecieron en pocos días; decía que ahora podía "controlarlas". Pero no había recuperado su comportamiento normal ni mucho menos.
Al cabo de algunas semanas de tratamiento el joven perdió interés por todo. Tenía un aspecto penoso, ligeramente encorvado, el rostro endurecido, y con la mirada vacía, recorría el pasillo del servicio como un zombie. Él, que había sido tan brillante, ya casi no reaccionaba a las noticias del mundo exterior ni a la gente. Este estado de apatía emocional suele inspirar piedad e inquietud. Y, sin embargo, sus alucinaciones y delirios -que los medicamentos habían eliminado- resultaban mucho más peligrosos para él que estos efectos secundarios. Solo que ahora no había emociones, ni vida.


Por otro lado, las emociones, libradas a sí mismas, no convierten la vida en algo ideal. Deben ser reguladas mediante el análisis racional, del que se encarga el cerebro cognitivo, pues toda decisión tomada "en caliente" puede poner en peligro el complejo equilibrio de nuestras relaciones con los demás. Sin concentración, reflexión y planificación, los vaivenes del placer y las frustraciones nos hacen zozobrar. Si somos incapaces de controlar nuestra existencia, ésta pierde rápidamente su sentido.


Para Damasio, la vida psíquica es el resultado de un esfuerzo permanente de simbiosis entre dos cerebros. Por un lado, un cerebro cognitivo, consciente, racional y volcado en el mundo externo. Por otro, un cerebro emocional, inconsciente, preocupado sobretodo por sobrevivir y, ante todo, conectado al cuerpo. Estos dos cerebros son relativamente independientes entre sí, y cada uno de ellos contribuye de manera muy distinta a nuestra experiencia de la vida y a nuestro comportamiento.

Los dos cerebros, emocional y cognitivo, perciben la información proveniente del mudo exterior más o menos a la vez. A partir de ahí, pueden bien cooperar o disputarse el control del pensamiento, de las emociones y del comportamiento. El resultado de esta interacción -cooperación o competición- es lo que determina lo que sentimos, nuestra relación con el mundo y con los demás. Las diversas formas de competición nos hacen desgraciados. Por el contrario, cuando el cerebro emocional y el cognitivo se complementan, uno para dar dirección a lo que queremos vivir (el emocional), y el otro para hacernos avanzar por ese camino de la manera más inteligente posible (el cognitivo), sentimos una armonía interior -un "estoy ahí, donde quiero estar en mi vida"- que sustenta todas las experiencias duraderas de bien estar.

Para vivir en armonía en la sociedad humana hay que alcanzar y mantener un equilibrio entre nuestras reacciones emocionales inmediatas -instintivas- y las respuestas racionales que preservan los vínculos personales a largo plazo. La inteligencia emocional se expresa al máximo cuando los dos sistemas del cerebro cooperan en todo momento. En este estado, los pensamientos, decisiones y gestos, se ajustan y fluyen de manera natural, sin que prestemos una atención particular. Este estado de bienestar es a lo que aspiramos continuamente: la manifestación de la armonía perfecta entre el cerebro emocional, que proporciona la energía y la dirección, y el cerebro cognitivo, que organiza su ejecución. 

El corazón de las emociones
Sentimos las emociones en el cuerpo, no en la cabeza: eso al menos parece que está claro. Una emoción es, ante todo, un estado corporal y, solo después, una percepción en el cerebro. Efectivamente, ¿no decimos que tenemos "el miedo en el cuerpo", o que sentimos "el corazón a mil", entre otras expresiones? 
Además de disponer de su propio sistema de neuronas semiautónomo, el corazón también es una fábrica de hormonas. Segrega su propia reserva de adrenalina, que libera cuando tiene necesidad de funcionar al máximo de sus capacidades. Y segrega también su propia reserva de oxitocina, la hormona del amor. Ésta se libera en la sangre, por ejemplo, cuando una madre amamanta a su bebé, cuando dos seres se besan, y en el transcurso del orgasmo. Todas estas hormonas actúan directamente sobre el cerebro. Al final, el corazón hace participar a todo el organismo de las variaciones de su vasto campo electromagnético, que se puede detectar a varios metros del cuerpo. Así pues, está claro que la importancia del corazón en el lenguaje de las emociones no es solo una imagen. El corazón percibe y siente. Y cuando se expresa, su influencia alcanza toda la fisiología de nuestro organismo, empezando por el cerebro.

En el siguiente vídeo pueden vivenciar el caso de una investigadora doctora en neurofisiología, compartiendo su experiencia de darse cuenta de la dualidad del cerebro a causa de un accidente cerebrovascular que ella misma padeció. Muy interesante! Que lo disfruten!





martes, 31 de marzo de 2015

Qué es la Terapia Gestáltica?

Tal vez lo más importante y revolucionario que ha surgido en los últimos años en psicoterapia y en desarrollo personal ha sido el énfasis que se está dando al proceso del DARSE CUENTA, del tomar conciencia, del estar alerta.
Desde que surgió la vida en la tierra ésta es una capacidad propia de todo lo animado, desde la ameba más modesta y humilde hasta el más evolucionado de los hombres. Es que últimamente, en lugar de continuar embutiéndonos ideas, interpretaciones y patrones de conducta, la psicoterapia y, en particular, la terapia gestáltica han comenzado a proclamar la capacidad de darse cuenta como el agente curativo más importante. De hecho es una propiedad que todos tenemos, y que unos más y unos menos, hemos ido perdiendo en el transcurso de nuestro crecimiento. El darse cuenta de un recién nacido se limita a algunas necesidades de orden fisiológico y de afectos generales, como agrado y desagrado. A medida que se va creciendo y el mundo va creciendo para el individuo, también aumenta su capacidad de darse cuenta. Tengo tal o cual apetito. Siento tal o cual emoción. Hasta aquí el fenómeno se presenta como algo sencillo. Luego vienen las relaciones interpersonales, el grupo, la sociedad, los parientes. Ellos me imprimen sus deseos y expectativas y yo les imprimo los míos. Finalmente, la vida social - es decir la vida en una sociedad - termina por moldearme, por conformarme de acuerdo a su modelo, me compenetro de sus ideales, de sus reglas, de sus exigencias, y acabo identificándome enteramente con ella y muy posiblemente divorciado de mí mismo (excepto tal vez por esos molesto dolores de cabeza, esos resfríos frecuentes, esas depresiones o esos problemas a la columna, etc. que me permiten faltar a mis deberes habituales), además de manejado por las necesidades ficticias que me crea la publicidad y por lo tanto amargado con mi existencia ya que no puedo ni tener, ni hacer todo lo que quiero, o no me puedo liberar de las cosas que quiero, o no me puedo relacionar con las demás personas del modo que quiero, o no puedo sentir las cosas que quiero, o quisiera, sencillamente, ser otra persona de la que soy. En este punto la cosa ya no es tan sencilla. De todo lo mucho que me doy cuenta, no sé qué es mío ni qué proviene del mundo. No sé que es real, ni sé qué es fantasía. No sé si vale o no la pena, no sé si voy a poder salir adelante o no.
La terapia gestáltica puede desenredar la madeja. Para comenzar a colocar las cosas en su sitio dentro de mí y en los demás. Esto es recuerdo, esto es aquí y ahora. Esto es proyección, esto es mío. Esto es emoción, esto es intelectualización. Esta es mi mano, esta es la tuya.
También sirve para explorar la infinidad de modos de expresarme con el cuerpo que tengo. Sirve para explorar la increible capacidad creativa que está en cada uno de nosotros al asumir que somos un rosal, somos un pez en el agua, y también somos un demonio. 
A mi modo de entender, el hombre como especie tiene tres capacidades peculiares que lo distinguen. Su fantasía o imaginación, su capacidad de moldearse a distintas situaciones o plasticidad, y su capacidad de comunicarse. 


Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas.
Y tu no estás en este mundo para llenar las mías.
Yo soy yo y tu eres tu.
Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.
Fritz Perls (1893-1970)
Creador del enfoque gestáltico

Gestalt es un término aleman sin traducción directa al castellano, pero que aproximadamente significa "forma", "totalidad", "configuración". La forma o configuración de cualquier cosa está compuesta de una "figura" y un "fondo". Por ejemplo, en este momento para ti que lees este texto, las letras constituyen la figura y los espacios en blanco forman el fondo; aunque esta situación puede invertirse y lo que es figura puede pasar a convertirse en fondo.
El fenómeno descrito, que se ubica en el plano de la percepción, también involucra a todos los aspectos de la experiencia. Es así como algunas situaciones que nos preocupan y se ubican en el momento actual en el estatus de figura, pueden convertirse en otros momentos, cuando el problema o la necesidad que la hizo surgir desaparecen, en situaciones poco significativas, pasando entonces al fondo.
Esto ocurre especialmente cuando se logra "cerrar" o concluir una gestalt; entonces esta se retira de nuestra atención hacia el fondo, y de dicho fondo surge una nueva gestalt motivada por alguna nueva necesidad. Este ciclo de abrir y cerrar gestalts es un proceso permanente, que se produce a lo largo de toda nuestra existencia. 
El Enfoque Gestáltico (EG) es un enfoque holístico; es decir, que percibe a los objetos, y en especial a los seres vivos como totalidades. En gestalt decimos que "el todo es más que la suma de las partes". Todo existe y adquiere un significado al interior de un contexto específico; nada existo por sí solo, aislado.
El EG es un modo de llegar a estar en este mundo en forma plena, libre y abierta, aceptando y responsabilizándonos por lo que somos, sin usar más recursos que apreciar lo obvio, lo que ES. 

EL DARSE CUENTA: este es el concepto clave sobre el que se asienta el EG. En pocas palabras, darse cuenta es entrar en contacto, natural, espontáneo, en el aquí y ahora con lo que uno es, siente y percibe.

AQUÍ Y AHORA: El pasado y el futuro son nuestras concepciones acerca de lo que precedió al momento presente y lo que presagiamos que seguirá a lo actual. Y todo este adivinar ocurre AHORA.

El ahora es el presente, aquello de lo que me doy cuenta. Ya sea que estemos recordando o anticipando, lo estamos haciendo ahora.

sábado, 21 de marzo de 2015

Ejercicio gestáltico para compartir

Para realizar cualquiera de los ejercicios que aquí te presento, debes tener en cuenta lo siguiente: los puntos suspensivos después de cada oración indican que te debes tomar unos minutos para llevar a cabo lo que te sugiero. También es conveniente que lo realices con otra persona que te vaya guiando. 


Debilidad - Fortaleza

Cierra los ojos y dirige la atención hacia adentro... Toma contacto con tu existencia física... Quiero que mantengas una conversación en silencio entre debilidad y fortaleza. Me gustaría que comiences siendo la debilidad que le habla directamente a la fortaleza. Podrías comenzar con algo así como: "soy tan débil y tu tan fuerte, puedes hacer tantas cosas". Sé la debilidad y háblale a la fortaleza durante un ratito, lo que te salga desde el corazón, y toma conciencia de como te sientes físicamente mientras haces esto... Proporciona detalles específicos de como eres débil tu y de como es fuerte el otro...
Ahora cambia de roles y conviértete en la fortaleza que responde a la debilidad... ¿Qué es lo que dices como fortaleza y como lo dices?... ¿Como te sientes en este rol?... Y, ¿como te sientes respecto de la debilidad?... Ahora dile a la debilidad qué hace por ti ser fuerte... Y qué ganas siendo fuerte...
Cambia de roles ahora y sé la debilidad nuevamente... ¿Qué le respondes a la fortaleza y como te sientes haciendo esto?... Dile ahora a la fortaleza qué hace por ti ser débil... ¿Qué ganas siendo débil?... Cuéntale de la fortaleza en tu debilidad. Cuéntale todas las ventajas de ser débil, como puedes utilizar tu debilidad para manejar a los otros y conseguir su ayuda, etc... Da detalles específicos acerca de la fortaleza de tu debilidad...
Ahora conviértete en la fortaleza otra vez y responde a la debilidad... ¿Qué dices como fortaleza y como te sientes ahora?... Habla ahora acerca de la debilidad en tu fortaleza. Cuéntale respecto de las desventajas de ser fuerte, como otros se respaldan en ti y consumen tus energías, etc. Da detalles específicos de la debilidad de tu fortaleza...
Vuelve a ser debilidad y responde a la fortaleza... ¿Como te sientes ahora y qué dices?... Continúa este diálogo durante un rato por tu cuenta. Cambia de roles siempre que lo desees, pero mantén este diálogo entre debilidad y fortaleza. Observa qué puedes descubrir...

Este tipo de diálogo interno puede ser inmensamente útil para señalar y clarificar la relación que existe dentro del individuo, entre cualquier tipo de gente, roles, cualidades o aspectos complementarios. Puede ser particularmente útil para el logro de comprensión entre grupos en conflicto: maestros y alumnos, negros y blancos, formales y hippies, etc. Todas nuestras relaciones con la gente están enrarecidas por nuestras imágenes respectivas. Si tu puedes identificarte con la oposición entre tus propias imágenes, clarificarla y reducirla, entonces puedes empezar a ver gente real detrás de las imágenes de ellos. También puedes efectuar este tipo de ejercicio empleando dos personas que jueguen los roles opuestos y los vayan cambiando entre ellos. 
Algunos otros juegos de opuestos muy útiles son: marido-mujer, padre-hijo, planificador-espontáneo, extraño-familiar, sincero-falso, patrón-empleado, macho-hembra, elegante-desaseado, responsable-irresponsable, cuerpo-espíritu, listo-estúpido, etc. Nota con qué tienes dificultades en tu vida y luego reduce esta dificultad a una persona en particular, a un comportamiento o a una cualidad. Luego piensa en lo opuesto a esta persona, comportamiento o cualidad y trabaja con eso en un diálogo. Si realmente te dedicas por completo al diálogo descubrirás la simetría y similaridad que yace detrás de la oposición aparente. En el ejemplo de arriba está la fortaleza de la debilidad y la debilidad de la fortaleza, y también que las dos partes usan medios diferentes para hacer la misma cosa: controlarse una a la otra.

Si os apetece, podemos realizar este y otros ejercicios juntos online.

lunes, 9 de marzo de 2015

Tu no necesitas la aprobación de los demás

La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: "lo que tu piensas de mi es más importante que la opinión que tengo de mí mismo".

Es posible que pierdas demasiados momentos-presentes esforzándote por lograr la aprobación de los demás o preocupándote por alguna contrariedad que te haya acaecido. Si el deseo de aprobación externa se ha convertido en una verdadera necesidad en tu vida, quiere decir que tienes mucho por hacer en pro de ti mismo. Puedes empezar tratando de comprender que la búsqueda-de-la-aprobación-externa es un deseo más que una necesidad. A todos nos gusta que nos aplaudan, que nos hagan cumplidos y nos alaben. Nos sentimos bien cuando nos acarician mentalmente ¿Quien iba a querer renunciar a todo esto? Bueno, no hay ninguna necesidad de hacerlo. La aprobación no es un mal en sí misma; en realidad, la adulación es deliciosamente agradable. La búsqueda de la aprobación se convierte en una zona peligrosa solo cuando se transforma en una necesidad en vez de un deseo.
Si solo deseas la aprobación simplemente es porque te sientes feliz con el apoyo y la aceptación de las demás personas. Pero si la necesitas, te puedes derrumbar en caso de no conseguirla. Es entonces, cuando empiezan a funcionar las fuerzas autodestructivas. Del mismo modo, cuando la búsqueda de aprobación se convierte en una necesidad, tu entregas un trozo de ti mismo a la "persona exterior" cuyo apoyo es imprescindible para ti. Si ese tercero te desaprueba, te inmoviliza (aunque sea levemente). En ese caso es como si hubieras elegido ponerte tu propia valía como un adorno en la manga para que la gente te la sobe o no te la sobe según le parezca. Te sientes bien en tu interior solamente si ellos deciden administrarte alguna dosis de alabanza.
La necesidad de aprobación de otra persona esta mal, pero se llega al verdadero problema cuando dicha necesidad se convierte en necesidad de apoyo de toda la gente para cada acción que emprendamos o hayamos cumplido. Si sufres ese tipo de necesidad, te expones a sobrellevar muchas miserias y frustraciones en la vida. Y lo que es peor aun, estarás incorporando una imagen de persona inexistente que acabará en el tipo de autorechazo.
Hay que deshacerse de la necesidad de aprobación. Nada de signos de interrogación aquí. Hay que erradicarla completamente de tu vida si quieres lograr tu realización personal. Esa necesidad es un psicológico callejón sin salida que no te aporta ningún tipo de beneficio.
Es imposible vivir en este mundo sin provocar la desaprobación de la gente, a veces en forma grave. Así es la humanidad; así son los impuestos que se pagan por estar "vivos", algo que simplemente no se puede evitar. Una vez traté a un hombre maduro que encajaba perfectamente en el tipo de mentalidad necesidad-de-aprobación. Oscar, que así se llamaba, tenía un conjunto de ideas y creencias respecto a temas tan polémicos como el aborto, el control de natalidad, la guerra en el oriente medio, la política y todo lo demás. Cada vez que encontraba resistencia o rechazo ante sus ideas, se descomponía. Gastaba gran parte de su energía tratando de conseguir el apoyo de la demás gente a todo lo que él decía y hacía. Me relató un incidente en el que cuando él declaró ante su suegro que creía firmemente en la eutanasia, notó que este fruncía el ceño. Inmediatamente, actuando casi por reflejo, Oscar modificó su postura... "lo que quise decir es que si una persona está absolutamente consciente y en posesión de todas sus facultades y pide que lo maten, entonces la eutanasia está bien". Se dio cuenta entonces que su suegro estaba de acurdo con él y respiró con más facilidad. Ante su jefe declaró también su aprobación de la eutanasia, pero esta vez la desaprobación fue vociferante... "¿Como puede decir una cosa semejante? ¿No se da cuenta que esta jugando a ser Dios?" Oscar no pudo tolerar un repudio semejante y rápidamente cambió de postura... "Lo que quise decir es que, solo en casos extremos, cuando el enfermo ha sido declarado legalmente muerto, entonces me parece bien que lo desenchufen". Finalmente su jefe estuvo de acuerdo con él y Oscar pudo nuevamente bajar de la picota. Ante su hermano declaró nuevamente su postura ante la eutanasia y recibió inmediatamente su aprobación... Qué fácil le resultó eso a Oscar, ni siquiera tuvo que cambiar su postura para conseguir que su hermano lo apoyara y aprobara.
Oscar mismo fue quien nos dio todos estos ejemplos al relatar como interactuaba normalmente con los demás. Oscar deambulaba por sus círculos sociales sin tener opiniones propias, pues su necesidad de halago era tan fuerte que constantemente estaba mudando de posición a fin de agraciarse con los demás. Oscar no existe, solo existen las reacciones de los demás que no solo determinan lo que siente Oscar, sino también lo que piensa y dice. Oscar es lo que los demás quieren que sea.
Cuando la búsqueda-de-apoyo es una necesidad, las posibilidades de encontrar la verdad desaparecen casi por completo. Si tienes que ser alabado y emites esa clase de señales, entonces quiere decir que nadie puede tratar contigo con franqueza. Y tampoco puedes declarar con confianza lo que piensas y sientes en cualquier momento presente de tu vida. Sacrificas tu verdadera personalidad, tu yo por las opiniones y predilecciones de los demás. 
Los políticos conforman una clase que por lo general no inspira confianza. La necesidad de aprobación que tienen es peligrosa. Sin ella no tienen trabajo. En consecuencia, a menudo parecen hablar en dos direcciones simultáneas, diciendo por un lado cosas que agradarán al grupo A y por otro, lo que será aprobado por el grupo B. No puede haber una verdad cuando el orador es acomodaticio y se mueve en torno a los temas maniobrando de modo de complacer a todo el mundo. Este tipo de comportamiento es fácil de reconocer en un político, pero difícil cuando se trata de nosotros mismos. Quizás has dejado enfriar el tema para aplacar a alguien o te has descubierto dándole la razón a alguien cuya desaprobación temes. Sabías que te sentirías desgraciado si te censuraban y modificaste tu comportamiento para evitarlo.
Es difícil enfrentarse con un rechazo o una censura y más fácil adoptar un comportamiento que inspirará aprobación. Pero cuando optas por este comportamiento más fácil lo que estás haciendo es darle mayor importancia a la opinión de la demás gente que a tu propia valoración. Es una trampa peligrosa, y una trampa difícil de evitar en nuestra sociedad.
a fin de evitar la trampa de la búsqueda-de-aprobación, una trampa que concede el control de tu persona a la opinión de los demás, es importante examinar los factores que impulsan la necesidad de la búsqueda-de-aprobación.

En nuestro próximo encuentro os propondré un ejercicio para trabajar sobre este tema.

domingo, 22 de febrero de 2015

UNA TAREA DIFÍCIL: Aprender a no ser desgraciado

Hace algún tiempo ya,
que mi corazón se abrió plenamente al amor...
Al amor con todas las letras
y todos los colores más variados.
Y eso me hace muy feliz!
Y ese amor se irradia por todos lados,
y con todas las personas que me rodean
y que voy conociendo en mi camino,,,
Algunas personas lo valoran
al instante,
otras... les cuesta comprender
el verdadero sentido del amor...
Pertenezco a una generación
en la que nos han criado con la culpa,
algo muy nocivo para el desarrollo
de todo ser vivo.
Y nos lleva toda una vida
sacarnos esa mochila de encima.
Pero algunos,
tenemos esa suerte de despertar
pronto,
Y darnos cuenta que la vida no es la culpa...
Que la vida florece cada mañana,
con el mismísimo sol del alba.
Y el solo hecho de despertar
y sentirse vivo,
nos llena el alma para todo el día.
No digo que no tengamos momentos malos,
que los hay los hay.
Pero ese es el tema,
que nos quedamos colgados en lo malo
y no valoramos realmente
lo bueno que nos sucede a cada momento.
Conozco mucha gente
que está anestesiada,
deprimida hace mucho tiempo ya,
que cree que "Dios" los sacará de ese estado...
Siempre depositando en un agente externo
la solución a sus problemas...
Y así se les pasa la vida...
Cuando la vida es hoy,
aquí y ahora,
ni antes ni después...
Suelo hablar con estas personas que conozco,
y siempre procuro ayudarlas,
darles una dosis de optimismo,
de buenas vibras, de amor...
Les hace bien claro!
Pero todo pasa por dentro de cada uno;
Algunas personas dependen de eso,
de que les estén dando apoyo continuo
para sentirse bien... consigo mismo,,,
(depositario agente externo)
Pero claro,
si no visualizan su yo interior
sin la necesidad que se lo muestre el otro,
nunca podrán ser felices...
Como si la felicidad existiera
afuera de sus corazones,
cuando en realidad solo podrán
encontrarla adentro de él.
Yo también he pasado por algo similar,
y también recibí ayuda de agentes externos,
pero en realidad solo empecé a ser feliz
cuando descubrí lo grande que era mi corazón,
cuando yo solita podía con el mundo,
el de afuera y el de adentro...
¿Y como se llega a eso?
Dejando de depositar en los demás
tu propia felicidad,
tu propia existencia,
tus propias vivencias,
tan solo dándote cuenta
que si estás en este mundo y vivo
tienes que hacerte cargo
de tus estados de ánimo,
de tus actos,
de tus vivencias,
de tus sueños...
Eso, tus sueños, son una gran parte de tu existir...
Si los sigues de verdad,
seguramente el universo conspirará para que los lleves a cabo...
Pero claro, debes de estar convencido
de lo que quieres,
de lo que persigues,
de lo que amas,
de lo que te haría realmente feliz.,.
Muchas veces pensamos que si tuviéramos
más dinero las cosas serían perfectas,
pero te aseguro que no es así,
claro que ayuda...
pero no es la solución para lo que sucede
dentro de tu corazón...
Nosotros, los terapeutas,
solo te mostramos el camino
que tu no puedes vislumbrar,
pero que tu tienes el mapa marcado
en tu interior.
Por todo esto amig@
no pierdas el rumbo,
persigue tus propios sueños,
no los "sueños" que te impone el sistema...
La felicidad es una actitud
hacia la vida,
que tiene un poder maravilloso!
Y el amor a la vida misma
te enamora de todos los seres vivos,
si cada uno de nosotros
apostáramos al amor por los demás,
seguramente haríamos
un mundo mucho mejor!
¡Un abrazo!



No es fácil cambiar el modo de pensar. Tu estás acostumbrado a un cierto tipo de pensamientos y a sus consecuencias debilitantes. Hay necesidad de trabajar mucho para poder deshacerse de los hábitos de pensamiento que has asimilado hasta ahora. Es fácil ser feliz, pero aprender a no ser desgraciado puede resultar difícil.
La felicidad es la condición natural de la persona. Esto es evidente cuando se observa a los niños pequeños. Lo que es difícil es deshacerse de todos los "deberías" y "tendrías que" que has digerido en el pasado. Hacerte cargo de ti mismo empieza por tener consciencia de ti mismo. Pon atención cuando digas cosas como "me han ofendido". Piensa en lo que estás haciendo en el momento que lo estés haciendo. El nuevo pensamiento requiere ser consciente de tus viejos pensamientos. Te has acostumbrado a patrones mentales que identifican las causas de tus sentimientos en hechos externos. Has empleado miles de horas de refuerzo para apoyar estos pensamientos y tendrás que equilibrar la balanza poniendo miles de horas de pensamientos nuevos, unos pensamientos que asumen la responsabilidad de tus propios sentimientos. Es difícil, realmente difícil; pero ¿qué importa? Ciertamente no es motivo para dejar de hacerlo.
Recuerda los tiempos en que estabas aprendiendo a manejar un automóvil con cambios manuales. Te enfrentabas con un problema que parecía insuperable. Tenías tres pedales pero solo dos pies con qué manejarlos. Lo primero fue tomar consciencia de la complejidad de la tarea. Suelta el embrague lentamente, el coche demasiado rápido, hay sacudidas, aprieta el pedal del acelerador al mismo tiempo que sueltas el embrague, el pié derecho para el freno, pero el embrague tiene que entrar o pegarás otra sacudida. Millones de señales mentales; siempre pensando, usando tu cabeza ¿Qué hago? Estoy consciente, alerta, y al cabo de mil pruebas, equivocaciones y esfuerzos reiterados llega el día en que te subes a tu coche y sales conduciendo. Nada de vacilaciones, nada de sacudidas, nada de pensamientos. Conducir con embrague manual se ha convertido en algo completamente natural, y ¿como lo hiciste? Con gran dificultad. Con mucho pensar-en-el-presente, mucho recordar, con trabajo y esfuerzo.
Tu sabes regular tu mente cuando se trata de realizar trabajos físicos, tales como enseñar a tus pies y a tus manos a que coordinen sus esfuerzos para conducir un coche. El proceso es menos conocido pero funciona igual en el universo emocional. Has aprendido los hábitos que tienes ahora usándolos y reforzándolos durante toda tu vida. Te sientes desgraciado, enfadado, herido y frustrado automáticamente porque así aprendiste a pensar hace mucho tiempo. Has aceptado tu comportamiento y no te has preocupado de la posibilidad de cambiarlo. Pero puedes aprender a no ser desgraciado, a no estar enfadado, o herido o frustrado del mismo modo que aprendiste todas esas actitudes de autofrustración.
Por ejemplo, se te ha enseñado que ir al dentista es una experiencia desagradable y que está asociada con sensaciones de dolor. Siempre has sentido que era desagradable e incluso te has dicho a ti mismo cosas como: "odio el torno". Pero todas estas son reacciones aprendidas. Tu podrías hacer que la experiencia funcionara a tu favor si decidieras que se trata de un procedimiento agradable. Podrías, si realmente decides usar tu cabeza, hacer que el ruido del torno te haga pensar en una hermosa experiencia sexual y cada vez que suene su ronroneo podrías entrenar a tu mente a que se imagine el momento más orgiástico de tu vida. Podrías pensar diferentemente sobre lo que solías llamar dolor, y elegir sentir algo nuevo y agradable. Te resultará mucho más agradable y gratificante dominar tus propias circunstancias dentales que aferrarte a las viejas imágenes y simplemente resignarte.
Quizás te cueste creerlo. Puede que digas algo así como: "yo puedo pensar en lo que quiera pero igual me siento desgraciado cuando el dentista me mete el torno en la boca". Esto nos lleva de vuelta al embrague manual ¿Cuando creíste que podías manejarlo? Un pensamiento se convierte en una certidumbre cuando lo elaboras, no cuando pruebas a hacerlo una vez y luego tomas como pretexto tu falta de pericia o fracaso inicial para dejar de hacerlo.
El hacerte cargo de ti mismo implica un esfuerzo más grande que el que significa simplemente especular con ideas nuevas. Implica la determinación, la decisión de ser feliz y de enjuiciar y destruir todos y cada uno de los pensamientos que te producen una infelicidad auto-inmovilista.

sábado, 14 de febrero de 2015

Darse cuenta

Es increíble cuanto uno puede llegar a comprender de su existencia con el solo hecho de prestar más atención a ella y darse cuenta más profundamente de sus propias vivencias. Lo que los sabios han proclamado durante siglos, es realmente cierto: el mundo está aquí mismo; para recibirlo, lo único que tenemos que hacer es vaciar nuestras "mentes" y abrirnos.
Definitivamente este espacio no lo "ajustará a la sociedad". Podrá ayudarle a ajustarse a sí mismo y ayudarlo a descubrir su propia realidad, su propia existencia, su propia humanidad, y a sentirse más cómodo con ella. Muchas veces esto será lo contrario a lo que la sociedad, o su pareja, o sus amigos, estiman que usted "debiera" ser.
Puedo distinguir en mi experiencia tres tipos de darme cuenta o zonas del darse cuenta:
  1. El darse cuenta del mundo exterior. Esto es contacto sensorial actual con objetos y eventos del presente: lo que en este momento veo, palpo, toco, escucho, degusto o huelo.
  2. El darse cuenta del mundo interior. Esto es, contacto sensorial actual con eventos internos en el presente: lo que ahora siento desde debajo de mi piel, escozor, tensiones musculares y movimientos, manifestaciones físicas de los sentimientos y emociones, sensaciones de molestia, agrado, etc.
  3. Estos dos tipos de darse cuenta engloban todo lo que puedo saber acerca de la realidad presente como yo lo vivencio. Este es el terreno sólido de mi experiencia; estos son los datos de mi existencia aquí, en el momento que ocurren.
    El tercer tipo de darse cuenta es bastante diferente. Es el darse cuenta de imágenes de cosas y de hechos que no existen en la realidad actual presente.

  4. El darse cuenta de la fantasía. Esto incluye toda la actividad mental que abarca más allá de lo que transcurre en el presente: todo el explicar, imaginar, adivinar, pensar, planificar, recordar el pasado, anticipar el futuro, etc.
  5. Y sin embargo, dentro de esta fantasía hay una realidad encubierta.


Ahora

Es tan solo esto,
ningún borrador ni manuscrito
sobreviven para poder especular,
porque los he quemado.
Ninguna edición tiene fecha,
no distingo las impresiones
no numero ni firmo las copias
de modo que lo que sostienes, coleccionista,
no lo apreciarás.
No pongas esto en tu anaquel, crítico,
porque el papel especial
se desvanece en el aire.
Lee, eso es todo;
Ahora es el único momento
de tomar la historia de nuestro sacramento
antes que desaparezca.
Esto es todo lo que hay.


                                                Peter Goblen


LAS PALABRAS

Cuando se emplean las palabras con otro propósito que la comunicación directa de la experiencia, generalmente causan mayores confusiones en una situación de por sí ya difícil. Tanto usted como yo comenzamos a creer las palabras y perdemos contacto con nuestra vivencia y con lo que realmente está sucediendo entre nosotros. Muchas de nuestras palabras sirven para aislarnos, también del contacto con los otros como de nuestras propias vivencias.
A causa de esto, puede resultar muy útil disponer de un periodo durante el cual se prohíban absolutamente las palabras, salvo en caso de emergencia. Cuando necesite comunicarse, trate de hacerlo de un modo no verbal, siempre que sea posible. Emplee este tiempo silencioso para incorporar y recibir experiencias que de otro modo se hubieran ahogado o apartado mediante las palabras. Note como vivencia ese silencio. Dese cuenta de qué quiere decir y de qué impulsos lo llevan a hablar. Si hablara por descuido, note lo que dice. Vea hasta que punto realmente comunica algo con esas palabras, y hasta que punto son sonidos inútiles. Comience disponiendo de algo así como una hora diaria de silencio. Intente una comida en silencio y vea cuantos sabores, texturas y gustos de la comida estuvo perdiendo como resultado de charlas continuas, y vea de qué otra cosa le permite darse cuenta el silencio.
A menudo el contenido -el sentido habitual de las palabras dado por el diccionario- es irrelevante para lo que realmente está siendo expresado. A menudo, el mensaje real, la expresión honesta, sincera, se encuentra en la misma voz, en el tono, el volumen, la velocidad, las vacilaciones, etc. Cuando una persona está fanfarroneando, por ejemplo, no importa que hable de fútbol, botones, abejorros o ranas. El verdadero mensaje es la demanda transmitida por el tono de voz: "¡mírenme y respeten lo grande que soy: cuanto sé y cuanto hice!". El siguiente ejercicio puede ayudarlo a sensibilizarse mas respecto a lo que se comunica por la voz en sí, independientemente de las palabras:


Escucharse la voz

Forme pareja con alguien con quien le gustaría estar y conocer mejor... Cierre los ojos ahora y siéntense juntos... Quiero que mantengan los ojos cerrados para eliminar la visión, de modo que estén obligados a usar sus otros sentidos. Mantengan los ojos cerrados hasta que les pida que los abran.
En silencio tomen contacto con la experiencia de tener los ojos cerrados... Noten qué sienten físicamente... Y noten imagen o fantasía que aparezca...
En un momento más quiero que se cuenten el uno al otro acerca de la experiencia de tener los ojos cerrado y, mientras hacen eso, dirijan su atención sobre su propia voz y la de su compañero. Quiero que se den cuenta particularmente de las voces y de lo que expresa la voz en sí. Vean si pueden prestar atención a las palabras del otro como si hablara un idioma extranjero que no entiende, de modo que la única manera de entender el mensaje es atendiendo el énfasis, el tono, las vacilaciones, etc. Hagan esto durante unos cinco minutos.
Cada uno de ustedes exprese, ahora, lo que notó respecto de su voz y la de su compañero. Sean muy precisos acerca de lo que realmente notó en la voz y, además, diga como se siente al respecto, su reacción ante ello y su impresión sobre lo que le parece. Por ejemplo: "soy consciente de cuan suavemente hablas; me siento adormecer mientras atiendo a tu voz como si escuchara una canción de cuna". Tómese unos cinco minutos para hacer esto...
Abran los ojos ahora; mírense a la cara, frente a frente. En un momento más quiero que comiencen a hablarse en "jeringosa" uno al otro. Haga cualquier sonido que desee que suene vagamente como hablar algún idioma, pero que no sean palabras en ningún idioma que usted sepa. Por ejemplo: ¡rajgrol act gronglek qa sel! Esa es mi "jeringosa"; quiero que descubra cual es la suya. No intente llevar a cabo una conversación con sentido. Mire a los ojos de su compañero mientras hace esto. Comience ahora y dígale una "jeringosa" a su compañero. Tome conciencia de como se siente mientras lo hace...
Ahora termine con la "jeringosa". Cierre los ojos... Y tome contacto con su experiencia física... Abra los ojos y dígale a su compañero como se siente: lo que experimentó mientras se decían "jeringosas" el uno al otro...
Probablemente sintió cierto desgano al decir la "jeringosa" y cierta timidez: un sentirse "tonto", "estúpido", "necio" cuando lo hizo. Quiero que sea plenamente consciente del desgano de correr el riesgo de parecer "tonto" y que se tome un par de minutos para imaginar deliberadamente qué pasaría si realmente se hubiera convertido en un tonto y un necio. Imagine lo peor que podría haberle ocurrido si lo hubiera hecho... Ahora tómese un minuto o dos para compartir sus fantasías catastróficas con su compañero...
Probablemente imaginó que alguien lo juzgaba y lo reprendía por su tontería y necedad. Me gustaría que se dé cuenta de que se está juzgando a sí mismo en tales fantasías. Usted se está exigiendo no aparecer como un tonto o un necio. Otra forma de describir esto es diciendo que por lo menos está de algún modo desganado -aunque sea temporalmente- de renunciar a su imagen de persona cuerda, racional y equilibrada.
Discuta ahora estas ideas con su compañero para ver si tiene sentido para usted y coinciden con su experiencia...
Este ejercicio lo puede guiar una tercera persona, los puntos suspensivos sugieren que se tome 5 minutos con la consigna antes de continuar.

Estos y otros ejercicios gestálticos los puedes hacer conmigo online cuando quieras.